La noche del sábado 6/12 un policía (guardia especial) disparó a sangre fría a Alexis Grigoropoulos, de 15 años, en Echarjia (Atenas). Este hecho no es un caso aislado. Tampoco los actos de resistencia y revuelta que se extendieron rápidamente esa misma noche en Atenas y que, en estos momentos, han sumido en una huelga general a todo el país. Este asesinato estatal, en concreto, es la gota que desborda el vaso de la violencia que cada día sufre, con más dureza en los últimos tiempos, gran parte de la sociedad, a través de la precariedad, los despidos masivos, la degradación económica, el estado policial y la paranoia psicológica que divulgan las noticias de las ocho.
Las familias y los que tienen un mínimo de memoria colectiva no olvidan a los asesinados (Carlos Javier Palomino, 16 años; Carlo Giuliani, 23 años; Mijalis Kaltezas, 15 años; Hraklis Maragakis, 23 años; Maria Koulouri, 43 años). Tampoco olvidamos la política asesina del capital plagada de “accidentes lavorales”, ambientales y sociales (el ejemplo reciente del exterminio masivo de trabajadores en Perama en julio, las muertes diarias de incontables inmigrantes anónimos desde las fronteras del primer mundo hasta los calabozos de la policía, ni tampoco a los torturados y asesinados por los régimenes “democráticos”).
La tortura es inaceptable, pero un asesinato, cuando se comete por el estado y a sangre fría, no representa un caso aislado de violencia, tampoco es resultado de la «mala derecha», sino que es responsabilidad de todos los gobiernos y, en conjunto, del régimen explotador y represor de esta democracia capitalista. Este asesinato estatal recibe, finalmente, la respuesta que le corresponde…
Y mientras los grandes medios de comunicación cambian el significado de los enfrentamientos, que en realidad tienen un carácter social contra un sistema que exprime a los débiles, la lucha se extiende entre la sociedad con ciudadanos que tiran macetas a los policías y con las calles ardiendo a manos de miles de jóvenes, de trabajadores, de parados e inmigrantes que se enfrentan a las unidades de represión y atacan los templos del consumo, a los ladrones legales, a los asesinos legales.
El gobierno griego por una parte muestra sus lagrimas de cocodrilo por el asesinato y por otra se esfuerza por volver a la sociedad en contra de la resistencia, presentando los ataques contra los grandes almacenes y multinacionales como reacciones extremas que perjudican al conjunto de la sociedad. Por todas estas razones, la sociedad griega no pide ninguna dimisión de ministros, ni del gobierno, ni tampoco esperan ninguna justificación institucional por el asesinato. No existe justificación por un asesinato, por ningún asesinato. Existe solo la rabia, la agudización de las respuestas que se dan en las calles, nuestro deseo de que la rabia se vuelva total y se organice en contra de este sistema y las relaciones del poder sombre las cuales se construye la realidad represiva de la que todos nos damos cuenta. Creemos que es importante la ocupación de las fundaciones universitarias como un lugar de reorganización y autogestión de nuestras fuerzas frente a la represión para que en esta lucha que se ha desatado no quede nadie solo ante el estado.
Solidaridad a los detenidos en los enfrentamientos de los últimos días.
Que ningún asesinato quede sin respuesta.
Todavía no hemos dicho la última palabra.
Con el paso de los años el odio aumenta…
SOLIDARIXS
NOS TOCAN A UNX, NOS TOCAN A TODXS.
(extraído del comunicado de ocupación de la facultad de económicas (ASOEE)

























