Cristina Honorato (ERA-E. Alternativo), Sevilla
Del 25 de abril al 1 de mayo, Sevilla se convirtió en escenario de visibilización de las luchas más acuciantes de los movimientos sociales. Decenas de acciones terminaron en una masiva y atípica marcha en el Día de los trabajadores.
“No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos”. Con esta alusión al Mayo del ‘68 concluía el manifiesto unitario de la convocatoria de la Semana de Lucha Social de Sevilla. Convencidos de la necesidad de hilar redes de solidaridad y crear frentes de lucha unitarios ante los continuos y diversos ataques del sistema neoliberal, inmigrantes, mujeres, estudiantes, vecinos y vecinas en lucha, jornaleros y jornaleras, okupas del campo y de la ciudad, sindicalistas, activistas de la izquierda social y política, lograron, entre todos y todas, por primera vez, dar vida en Sevilla a una semana de acciones que terminó en un 1º de Mayo diferente. Desde el pasado febrero, colectivos de diferente procedencia se pusieron en marcha para preparar el evento. Entre ellos, los sindicatos CGT, SOC-SAT y USTEA, la Asamblea La calle es de Todxs, la Asamblea de Mujeres CSOA Sin Nombre, la Liga de Inquilinos La Corriente, la Oficina de Derechos Sociales de la ciudad o los grupos Panteras Rosas, la Plataforma de Consumo Responsable, Precarios en Movimiento, Amigos del Huerto del Rey Moro o el Colectivo Macondo. Y lo hicieron junto a organizaciones políticas como el CUT-BAI, En Lucha, Espacio Revolucionario Andaluz
Espacio Alternativo, Corriente Roja y Jaleo, y movimientos como el de la vivienda digna o el estudiantil.
En el plano de la reflexión común, se organizaron diferentes mesas redondas, donde se debatió, entre otras cosas, cómo recuperar el poder de las asambleas en la negociación de los convenios colectivos y se abordaron luchas como la de los Transportes Metropolitanos de Barcelona, que fue presentada por uno de sus protagonistas, Josep Garante. De igual modo, se discutió sobre la carestía de la vida y la mercantilización de la educación. En cuanto a los actos en la calle, fue central la visualización y denuncia de los Centros de Internamiento para Extranjeros, que se ejecutó con proyecciones al aire libre y una acción teatralizada sobre la represiva política de fronteras.
En el barrio de La Barzola, en el sector norte de Sevilla, que actualmente aglutina parte de las luchas vecinales más potentes de la capital, tuvo lugar un acto de reivindicación del espacio público. El calendario de actividades se duplicó a partir del sábado 26. Ese día se okupó una antigua fábrica de sombreros en el casco histórico sevillano, un espectacular edificio abandonado desde hacía más de diez años pendiente de una expropiación y rehabilitación que nunca llegaban. Un espacio que ya había sido reivindicado por la (Plataforma de Artesanos del Casco Antiguo) PACA y desde que fue okupado ha contado con la participación numerosa no ya sólo de activistas, sino también de los propios vecinos y vecinas del barrio, que comentaban asombrados al entrar en el edificio : “Llevábamos tantos años viviendo aquí al lado y nunca habíamos podido entrar, conocerlo”, y mucho menos hacer uso de él.
El calendario de la Semana se cerró con una manifestación con motivo del 1º de Mayo que congregó a unas 3.000 personas y tuvo un recorrido atípico, al transcurrir por barrios de trabajadores, fundamentalmente de inmigrantes, que también se sumaron a la marcha. Durante su recorrido, los grupos que organizaron la Semana realizaron diversas acciones de denuncia : vecinos y vecinas en los barrios de Begoña, San Bernardo y Pumarejo, estudiantes ante la Facultad de Medicina, jornaleros y jornaleras del SOC frente al Parlamento andaluz y el Colectivo de Mujeres de San Bernardo a las puertas de la iglesia de la Macarena. La marcha terminó en la Alameda de Hércules y, con ella, una Semana que ha sido valorada de manera muy satisfactoria por sus promotores.




















